lunes, 12 de marzo de 2012

LOS FANTASMAS DE LA VENTANA DE LUZ(Entrada 14)

Cuando el avión tocó pista y empezó a frenar el agente Ramirez respiró aliviado, por lo menos en lo que a él concernia la misión llegaba a su final. Sonrió a Armand y le guiñó un ojo. Vieja táctica policial de dar confianza al detenido para que no incordiara. Y en un acto mecánico se libró del cinturón de seguridad. El avión seguia frenando y en pocos segundos se detendria.
Armand giró su rostro y miró a Blanca, aun seguian con las manos entrelazadas, pero ¿hasta cuando? Se preguntaba. De repente una súbita aceleración lo impulsó con fuerza hacia adelante. Un segundo despues un bandazo hacia la izquierda lo mantuvo literalmente en el aire retenido tan solo por el cinturon de seguridad y entonces pudo ver, como en una secuencia relentizada, cruzar al agente Ramirez, volando, el pasillo varias filas adelante hasta estrellarse contra el respaldo de un asiento. Luego todo volvió a acelerarse. Un nuevo bandazo de la nave, esta vez a la derecha. Estaban saltando sobre un terreno irregular, cabalgando un corcel desbocado que parecia conducirlos a la catástrofe. Blanca clavaba las uñas como si la mano de él pudiera ejercer de freno, Armand cerraba los ojos esperando el impacto. Entonces de manera brusca el avión se detuvo. Y el grito contenido de todo el pasaje se oyó dentro de la nave por encima de la voz de los altavoces que ordenaban la evacuación.
En el último asiento, la enfermera que custodiaba a la niña permanecia en estado de schok. Armand ´liberó a la pequeña del cinturon de seguridad y la tomó en brazos. Un inquietante humo empezaba a salir de las rejillas de ventilación. Era necesario huir cuanto antes. Blanca y Urrutia permanecian de pie algo aturdidos. Armand les apremió a abandonar la nave. Juntos se dirigieron a la puerta izquierda del aparato. Un tobogan amarillo muy inclinado era lo que les separaba de tierra. Formaron una precaria cola resistiendo las embestidas de quienes querian adelantarse y cuando llegó su turno ante el apremio de la azafata saltaron los cuatro. Primero Armand con la niña en brazos luego Blanca y por último ayudado por un decisivo empujon el profesor Urrutia.
Cayeron sobre un gran charco de agua que les empapó por completo. LLovia intensamente. Rápidamente se alejaron del avión. En la distancia se podian ver una larga fila de luces intermitentes que se acercaban y sobre el sordo estruendo del agua empezaba a imponerse el agudo y penetrante sonido de las sirenas.
.- Vamos, si logramos salir de la base conozco un lugar seguro.- dijo Urrutia.
Los tres corrieron tropezando en los agujeros del cesped, metiendose en los numerosos charcos. Cuando llegaron al asfalto Urrutia relevó a Armand y cargó con la niña. Miraron hacia atras varias veces, nadie les seguia. La confusión alrededor del avion era todavia muy grande. LLegaron por fin a la cabecera de la pista, donde se acababa el asfalto y empezaban las luces blancas y amarillas. Alli no habia nadie. Siguieron hasta llegar a una valla metálica muy alta rematada por una alambrada.
.- ¡No podremos saltar esto!. dijo Blanca, imponiendo su voz al ruido de la lluvia.
.-Estamos atrapados en una base militar!.- Reconoció derrotado Armand.
Blanca se fijó en el matorral que crecia junto a la valla. Los matojos subian, en algunos lugares, hasta la mitad de su altura. Aunque inhóspito era el único refugio. Necesitaban un respiro , aunque solo fuera para bajar las más de cien pulsaciones por minuto que Urrutia comprobaba en el pulso de su muñeca.
.- ¡ Por lo menos ahora apenas llueve.- afirmó Blanca mientras se agachaba e iluminaba con la luz de su teléfono buscando algun resquicio en la base de la valla. Al apagarlo se asustó al ver el reflejo de dos pupilas que fijamente la miraban.
.-¡Joder,¿que es eso?.- No pudo evitar la exclamacion al mismo tiempo que daba un paso atras.
.- Es un can! Contestó la niña dejando oir su voz por primera vez. Todos quedaron en silencio, inmoviles.
.- can, can bonico.- Repitió la pequeña , con el tono de voz más cariñoso que nunca hubieran escuchado Habia dejado de llover y entre las nubes que cruzaban veloces aparecia timidamente la Luna.
Entonces de entre los matojos salió un perro negro, un inconfundible labrador que se aproximó moviendo la cola, acercó su nariz a la niña y lamió su cara. Ella rió por primera vez.
.-Este perro no debe ser de la base. Quizas se cuela por la valla.- reflexionó Armand
.-¡Si pudiera sacarnos de aqui! Expresó su deseo Blanca.
La niña abrazada al animal empezó a susurrarle, éste alzaba las orejas con atención canina mientras parecia afirmar con la cabeza, asi estuvieron unos segundos ante la emocion de todos. Despues se levantó de un salto, sacudió el agua acumulada en su lomo y echó a andar. Siguieron el recorrido de la valla unos cincuenta metros y despues los guió hasta el lecho de un pequeño torrent. Iluminandose con la luz de los telefonos comprobaron que en realidad era una trinchera por la que pasaban dos tuberias de plástico. Estas iban perpendicular al muro de alambre y parecia que discurrian por debajo de la valla. Habia un pequeño tunel medio inundado por el que el perro se adentró. Ellos, con la niña en cabeza del grupo, le siguieron.

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